Es difícil saber la edad en la que el niño dejará de pedir la toma nocturna, ya que cada pequeño tiene unas necesidades alimentarias y de sueño diferentes. Algunos bebés dejan de mamar por las noches cuando sólo tienen seis semanas, pero la gran mayoría no lo hace hasta los tres meses; incluso hay bebés que necesitan varios meses más.
El proceso de eliminación de la tetada nocturna se produce de forma paulatina. Poco a poco, verás como las tomas se van espaciando cada vez más, hasta que llega un día en que el niño es capaz de dormir toda la noche sin necesidad de ser amamantado. Si éste no es el caso de tu hijo, y el hecho de despertarte cada noche te agota, he aquí algunos consejos que pueden ayudarte a la hora de espaciar los tiempos de la toma nocturna:
• Dale la toma de antes de acostarse bastante tarde y adelanta la hora del desayuno.
• Déjale que gima o lloriquee durante cinco o diez minutos. Si no está muy hambriento, quizás vuelva a dormirse.
• Cuando el bebé se ponga a llorar, deja que sea el papá el que vaya a consolarlo. El niño asocia el olor y la presencia de la madre con la lactancia, por lo que si eres tú la que acudes a calmarlo, esperará que lo amamantes.
• Si tu bebé tiene el horario de sueño cambiado, intenta reajustar su reloj interno despertándolo y amamantándolo cada dos o tres horas durante el día, e intentando mantenerlo despierto llevándolo contigo a todas partes, jugando con él o colocándole, por ejemplo, cerca de la ventana, donde pueda ver gente y cosas que le distraigan.
No obstante, antes de decidir suprimir la tetada nocturna, debes tener en cuenta que tu hijo hace las tomas oportunas durante el día, está ganando peso con normalidad y tiene, por lo menos, 12 semanas. El pediatra será el encargado de valorar el buen desarrollo del niño y la conveniencia de comenzar a eliminar la toma de la noche.